viernes, 9 de junio de 2017

LABORISMO, CON CONDUCTOR SOCIALISTA

El Partido Laborista nunca ha sido un partido socialista, pero siempre ha tenido socialistas, y por primera vez están en el asiento del conductor. Esto se ha reflejado en el manifiesto-programa del partido de 2017. Con el título “For the Many, Not the Few” (Para la Mayoría, No la Minoría)*, representa el máximo logro del corbynismo  hasta la fecha y ofrece al pueblo británico la primera oportunidad en una generación de votar por políticas que significarían un cambio fundamental hacia la izquierda. El manifiesto tiene tres ejes fundamentales: nacionalizar las principales empresas de servicios públicos cuya privatización ha aumentado el coste de la vida; reformar las condiciones laborales, deteniendo el proceso de degradación en términos y condiciones; y construir una economía social en la que los elementos básicos necesarios para vivir una vida digna – desde la educación y la vivienda hasta la asistencia social y las ayudas sociales – mejoren y, en muchos casos, sean de libre acceso. Se propone revertir en propiedad pública no sólo el ferrocarril sino también el servicio postal, la energía y el suministro de agua. Aumentaría el salario mínimo a diez libras por hora, aboliría los contratos de cero horas, prohibiría las prácticas no remunerados, otorgaría a la gente autónoma los mismos derechos que a las personas empleadas y otorgaría a los sindicatos el derecho de acceder a los centros de trabajo. Bajo el gobierno laborista se construirían un millón de viviendas, la mitad de ellas de propiedad pública. Se introducirían controles de alquiler. Los gastos de matrícula de las universidades serían desechados, habría guardería gratis a partir los dos años, comedores escolares gratuitos durante la etapa de primaria y un servicio de educación nacional que invertiría 6 300 millones de libras en mejorar las escuelas. El Servicio Nacional de Salud sería renacionalizado, eliminando los servicios privatizados, y los hospitales ya no cobrarían por el aparcamiento de coches. Las personas mayores tendrían garantizada la pensión y se invertirían dos mil millones de libras en atención social. Se invertirían los recortes en bienestar.
Por tanto, a los gestores del capitalismo, y más a los propios capitalistas, les viene bien esto tipo de análisis, en los que constatan la muerte de la clase obrera, la defunción de las clases trabajadoras, pues ahuyentan toda tentación por parte de los oprimidos de asumir su propio proyecto de clase y cambiar el sistema. Recordemos una vez más lo que dijo hace poco uno de los grandes magnates del capitalismo: las clases existen y los ricos estamos ganando la batalla. Lo que nos oculta este maligno personaje es que la clase capitalista juega el torneo siempre en casa, las reglas del encuentro las legisla su clase y los árbitros los nombran ellos; si en algún lugar pierden. Se inventan una involución en el sistema democrático. Quizá sea el momento de recordar que el compromiso anticapitalista es siempre una lucha conjunta contra la opresión de clase, de género, de raza, religiosa, xenófoba y militarista, a la vez que el de proponer modelos de sociedades comunales,  donde las instituciones y los valores del amo no intervengan en el proceso de cambio.
La lucha de clases queda diluida por la guerra por la supervivencia de los asalariados en busca de los puestos de trabajo cada vez más escasos y de la competitividad que deriva de la falta de los mismos, generando por lo tanto más agresividad y violencia en la obtención, consolidación y ascensión del puesto de trabajo que demanda el asalariado. La clases y su lucha han desaparecido no tan sólo porque el asalariado explotado (obrero medio de base en su mayoría) no se identifica como tal, sino también porque la inmensa mayoría de la sociedad es asalariada con un mayor o menor grado de explotación en contra de una pequeña minoría que ostenta cada vez más poder político y económico. La lucha de clases debe transformarse en una oposición contra el Poder y todas sus manifestaciones para que el individuo y la sociedad puedan emanciparse. El día que el trabajad@r tome conciencia que no se trata solo de la lucha por la supervivencia, ese día no nos  hará falta para nada el capitalismo. Pues habrá triunfado la lucha de clases.  

viernes, 2 de junio de 2017

LA NOCIÖN DE IZQUIERDAS

La noción de izquierda se aproxima a la de progreso. Desde ese punto de vista bastante genérico, caben programas que en principio no son conflictivos teórica y políticamente, pero que estarían unidos –y efectivamente se unieron en ciertas ocasiones en la historia– por algún proyecto común contra determinado orden vigente. En el Chile de Allende, por ejemplo, el enemigo de Pinochet fue “la izquierda unida de socialistas, comunistas y otros progresistas –lo que la tradición europea (y también la chilena) conocía como ‘frente popular’. De esa manera, quedó legitimada la unificación política entre clases irreconciliablemente antagónicas. Los frentes populares son por excelencia los grandes ejemplos históricos de unidad de la izquierda con un proyecto de poder en común, en el cual se unen direcciones de fracciones de la clase trabajadora y de la burguesía
En ese tiempo el socialismo (antisocialista) cayó en Italia (su lugar fue ocupado por el PCI reconvertido) y Grecia (aquí este papel lo acabó ocupando Txipras)…En España, Francia (Hamon), Gran Bretaña (Corbyn) estos partidos se instalaron en la crisis. La militancia recobra la capacidad perdida y  opta  por líderes más a la izquierda. En Gran Bretaña la izquierda laborista, en Francia esta iniciativa estaba ya gastada por Jospin y en España aparece Pedro Sánchez es lo suficientemente lúcido parta saber que su única opción está fuera del aparato central. La batalla de Inglaterra es una cita decisiva,  en Francia no parece que se vaya a repetir el singular ciclo de caída-recuperación que se ha dado desde la Gran Guerra. En España la pregunta básica no es tanto que hará Pedro Sánchez, sino hacía donde oscilarán esas bases que han recuperado el pulso. No parece que exista margen para nuevas maniobras, como la que lideró el Rodríguez Zapatero de “No os fallaré”. La pendiente social y económica camina cada vez más contra el pueblo llano, contra la gente que recuerda el PSOE del abuelo. De un parte está esta base cuyas características son muy diversas, pero que se encuentra especialmente motivada. De otra la  parte del aparato que representa el propio Pedro, alguien que ha hecho una experiencia radical en el último tramo de su biografía. A partir de aquí no resulta para nada sencillo situar la rebelión que ha llevado a Pedro Sánchez a ganar a una jerarquía tan sólidamente establecida como la creada por Felipe-Guerra en el PSOE. Desde que puso los pies en el gobierno, este partido se había convertido en una maquinaria para neutralizar la militancia que creía en las reformas, en las mejoras graduales a favor de la mayoría trabajadora o sea, en lo que había sido el PSOE histórico y lo que prometía ser el que salió de Suresnes dejando de lado a los “profesionales del exilio” con Rodolfo Llopis. Es tiempo de cambios, es hora que los socialistas sean de verdad socialistas, no social-liberales como venía siendo hasta ahora, e hora de la esperanza y de la lucha de clases
A lo largo de la historia uno era lo que había sido su padre, la familia prácticamente siempre ha venido marcando las oportunidades de las que el individuo va a disponer en su vida. Como dato curioso, en España durante la Alta Edad Media había determinadas situaciones en las que los hijos heredaban las condenas o responsabilidades de sus padres, en relación con delitos graves como el de traición. De tal forma que el castigo no solo se aplicaba al padre sino también al hijo. Volviendo al ámbito de desarrollo, en las sociedades estamentales los hijos heredaban la posición de sus padres y con la llegada del capitalismo, aunque en menor medida, en parte esto ha seguido siendo así. O más bien seguía siendo así hasta que en las sociedades occidentales,  el capitalismo se decidió dar muerte al mundo del trabajo. ¿Para qué producir aquí cuando hay países sin ningún tipo de legislación laboral donde pagar a los trabajadores sueldos muchos más bajos? La jugada es maestra no lo voy a negar. La clase obrera ha desaparecido del relato colectivo, ante todo esto nos hace falta una izquierda coherente en la calle y en el parlamento y un partido socialista de acorde a lo que piensa el pueblo. Luchando codo con codo con sus afines aunque tengan diferentes siglas, la lucha de clases no ha muerto está más viva que nunca, aunque el capital nos quiera convencer de lo contrario. Esto es una noción de izquierdas.

domingo, 14 de mayo de 2017

ADIOS. POR SIEMPRE ADIOS






Uno de los mitos económicos que con mayor éxito se han difundido siempre es el que vincula la mayor competencia con los intereses de las empresas y su defensa con la práctica de las derechas, mientras que a los trabajadores y a sus representantes, sindicatos o partidos de izquierdas, se les achaca el querer siempre vivir a expensas del Estado y de las rentas que generan los demás. Nada más lejos de la realidad,  afirmar que las clases trabajadoras son los grupos sociales parasitarios que viven de los demás es un mito sin fundamento: son las grandes empresas y fortunas y los bancos quienes han asaltado los Estados y conquistado el poder que les permite vivir de rentas y no de la innovación y el riesgo. La colusión y los acuerdos para acabar con la competencia son la regla precisamente porque esta es el mayor enemigo de las empresas que solo buscan ganar cada vez más dinero, puesto que allí donde hay más competencia los precios son más bajos y no se disfruta de beneficios extraordinarios. Por eso, las absorciones, las fusiones, los cárteles, los holdings… las diferentes formas de concentración y centralización del capital han sido siempre el hilo conductor del capitalismo y no hay un sector económico consolidado en donde la lógica imperante no sea la de cada vez menos empresas dominando el mercado. Mercado sí, pero sin competencia y bien protegido por las normas que el Estado promulgue al dictado de la gran empresa o de la banca.
Son las grandes empresas, los bancos y las grandes fortunas que se generan en su entorno quienes han asaltado los Estados y conquistado el poder que les permite vivir de rentas y no de la innovación y el riesgo, protegerse con normas y leyes que ellos mismos escriben y apropiarse de la riqueza de otros, limpiamente unas veces y corruptamente las más, como desgraciadamente estamos viendo día a día. No puede negarse, sin embargo, que si el mito se ha difundido hasta la saciedad es en cierta medida porque buena parte de las izquierdas y de la representación de las clases trabajadoras han tenido históricamente una evidente confusión sobre la realidad que hay detrás del capitalismo. Lo han vinculado equivocadamente con el mercado y no han sabido apreciar que, aunque parezca una paradoja, la competencia y la eficacia en la generación de riqueza son y deben ser perfectamente compatibles con la solidaridad, con el bienestar colectivo e incluso con la cooperación.
El FMI declaro: “la parte del trabajo en la disminución de los ingresos, cuando los salarios crecen más despacio que la productividad, o la cantidad de producción por hora de trabajo. El resultado es que una fracción cada vez mayor de las ganancias de la productividad ha estado yendo al capital. Y como el capital tiende a concentrarse en los extremos superiores de la distribución de los ingresos, la disminución de la parte de los ingresos del trabajo tiende a aumentar la desigualdad de ingresos”.
En cuanto a la sustitución acelerada de trabajadores por máquinas, gracias a los robots y la inteligencia artificial, lo que parece estar sucediendo es que las empresas más eficientes, de alta tecnología están creciendo rápidamente, dejando atrás a las empresas ineficientes que utilizan más mano de obra. Estas empresas menos eficientes pierden cuotas de mercado y comienzan a emplear menos trabajadores también. Esa es más o menos la tendencia en la acumulación capitalista desde una perspectiva marxista, por lo que no debería sorprender. De hecho, el informe del FMI respalda este punto de vista: “En las economías avanzadas, aproximadamente la mitad de la disminución de la participación del trabajo se puede atribuir al impacto de la tecnología. La disminución fue impulsada por la combinación de un rápido progreso en la tecnología de la información y las telecomunicaciones, y una alta proporción de trabajos que podrían ser fácilmente automatizados”. En la teoría económica marxista. Marx lo explicó de manera diferente a la teoría económica de su tiempo. La inversión en el capitalismo se lleva a cabo con fines de lucro, no para aumentar la producción o la productividad como tal. Si no se puede aumentar el beneficio lo suficientemente mediante más horas de trabajo (es decir, más trabajadores y más horas) o intensificando los esfuerzos (velocidad y eficacia – tiempo y movimiento), la productividad del trabajo sólo puede aumentarse entonces con mejor tecnología. Por lo tanto, en términos marxistas, la composición orgánica del capital (la cantidad de maquinaria e instalaciones en relación con el número de trabajadores) se elevará secularmente. Los trabajadores pueden luchar para mantener la mayor cantidad del nuevo valor que han creado como parte de su ‘compensación’, pero el capitalismo sólo invertirá para crecer si esa participación no se eleva tanto que hace que la rentabilidad del capital caiga. Por lo tanto, la acumulación capitalista implica una caída tendencial de la participación del trabajo, o lo que Marx llamaría una tasa creciente de explotación (o plusvalía). Y sí, todo dependerá de la lucha de clases entre el capital y el trabajo por la apropiación del valor creado por la productividad del trabajo. Y está claro que el trabajo ha ido perdiendo la batalla, sobre todo en las últimas décadas, bajo la presión de las leyes anti-sindicales, el fin de la protección del empleo y la contratación fija, la reducción de beneficios sociales, un creciente ejército de reserva de desempleados y sub-empleados gracias a la globalización de la fabricación industrial. Pero no se trata de la dominación de los monopolios como tal, sino del dominio del capital. Si, el capital se acumula a través de una mayor centralización y concentración de los medios de producción en manos de unos pocos. Esto asegura que el valor creado por el trabajo sea apropiado por el capital y que la proporción destinada al 99% se reduzca al mínimo. Pero no se trata de que los monopolios sean una imperfección de la competencia perfecta, como quiere Krugman: es el monopolio de la propiedad de los medios de producción por unos pocos. Ese es el funcionamiento real del capitalismo, con todos sus defectos.
Esta sin razón del capitalismo, nos lleva un hecho real que han reconocido el actual gobierno en Bruselas, El Fondo de Reserva de la Seguridad Social, conocido como «hucha» de las pensiones, ha pasado de contar 66.815 millones que dejó Zapatero en 2011 a los 15.915 millones en los que acabó el año pasado. Una cantidad que no llega para pagar las dos pagas extras de los pensionistas de este año. El Gobierno del PP quiere evitar a toda costa el titular de que ha vaciado la “hucha” y por eso en los Presupuestos de 2017, el Ejecutivo incluyó un crédito extraordinario a la Seguridad Social de hasta 10.192 millones de euros para pagar las pensiones. Hoy el conjunto de las Nacionalidades Ibéricas tenemos un problema añadido al del capital, un gobierno corrupto que navega en favor del mismo en contra de todo el estamento de los trabajadores. A este gobierno es hora de plantarnos en la calle y decirle:

Adiós, por siempre adiós

domingo, 8 de enero de 2017

UNA ALTERNATIVA



A los pensionistas le van a ir fatal, cuyas pensiones sufrirán en 2017 la mayor pérdida de poder adquisitivo en cinco años. La subida del 0,25% y la previsión de que el IPC estará por encima del 1,5% arrojan la mayor pérdida de poder de compra desde 2010. La subida de las pensiones aprobada para 2017, es el mínimo contemplado en la última reforma de las pensiones que aprobó el Gobierno de Rajoy, que habrá que derogar. El gobierno, con su especial sensibilidad social, ha vetado la iniciativa de la oposición −excepto Ciudadanos− para que se aplicara un aumento del 1,2%. Una encuesta de la Organización de Consumidores y Usuarios, realizada a personas con edades entre los 60 y los 79 años, viene a decir que los españoles perdemos un 26% de ingresos al jubilarnos. Un 25% de los pensionistas dependen de una única pensión para poder vivir y 1,96 millones de personas cobran de pensión entre 600 y 655 euros al mes.
Malos tiempos corren para la clase trabajadora y los desempleados; de forma especial para los mayores de 50 años para lo que la búsqueda de trabajo es un tormento. Quienes a esa edad buscan empleo, se frustran por el rechazo de la mayoría de empresarios, que prefieren jóvenes de más fácil doma y menor salario. Los trabajadores de 50 años son los primeros en sufrir las regulaciones de empleo. La cifra total de parados registrados en las oficinas de empleo, se sitúa en 3.702.974 personas, más pobres y más desprotegidos, «y continúa en los niveles más bajos de los últimos siete años», apuntan. Habrá que esperar a la Encuesta de Población Activa para conocer la realidad que no es tan halagüeña como nos quieren hacer ver. El Sistema de Protección a noviembre, nos dice que la cobertura solo llega al 55,66% y que los gastos totales suponen un 8,4% menos que en 2015, pese a que hay más personas en situación de desempleo. Los beneficiarios han bajado en los últimos años: 1.990.843 beneficiarios había en 2016, frente a 2.462.329 en 2014. Hay 1.712.131 personas sin protección, y nadie se acordó de ellos en sus discursos.
El aumento del número de contratos registrados en diciembre tiene que ver con la tradicional temporada navideña. Tan sólo 122.294 contratos en diciembre eran indefinidos (7,19% del total), por lo que un 92,81% de los contratos son temporales.
El problema de la teoría económica convencional no es (solo) que los economistas actuales se centran demasiado en las matemáticas y los modelos económicos – no hay nada inherentemente malo en utilizar matemáticas y modelos – o que la mayoría de los economistas no tengan tanta “erudición y talentos múltiples” como los clásicos del pasado. El problema es que la economía ya no es “economía política”, un análisis objetivo de las leyes del movimiento del capitalismo, sino una apología de todos los defectos, mal llamado “virtudes “del capitalismo.
Como Marx lo resumió: “De una vez por todas quiero aclarar que por economía política clásica entiendo la teoría económica, que, desde la época de W. Petty, ha investigado las relaciones reales de producción en la sociedad burguesa, a diferencia de economía vulgar, que se ocupa sólo de las apariencias, rumia sin cesar los materiales que desde hace mucho tiempo ha proporcionado la economía científica, y busca explicaciones plausibles de los fenómenos más abstrusos, para uso diario de la burguesía, pero para el resto, se limita a sistematizar de forma pedante, y proclamando verdades eternas, las ideas trilladas en las que cree la auto-complaciente burguesía con respecto a su propio mundo, que es para ellos el mejor de los mundos posibles”.
Los trabajadores parados o empleados y los pensionistas del Conjunto de Estado Español lo tenemos claro la única alternativa que nos queda es LA LUCHA DE CLASES.

viernes, 30 de diciembre de 2016

VINDICACIÓN DEL MARXISMO



1989 caía el Muro de Berlín. Comenzaba la reescritura de la historia por parte de la Burguesía. Se comenzaba a acallar las luchas, empezando por la misma Alemania. Nunca hubo “reunificación”. Las masas cuando salieron en la RDA lo que pedía además de la unidad alemana no era otra cosa que la profundización de las conquistas sociales y más democracia directa. Lo que si hubo de verdad, que a la sazón el canciller H. Kolh inició el camino de la  anexión” de la RDA y la privatización de la propiedad estatal. Y mientras tanto Alemania Federal tuvo el beneplácito, por parte de la UE, para no cumplir con el déficit durante varios años. Vendrían después las “guerras balcánicas” y la desintegración de la Yugoslavia de Tito. Y de nuevo la “reestructuración capitalista” pasaba por la apropiación privada de la propiedad social de las distintas repúblicas de la Federación.

En Occidente Fukuyama  hablaba del  Fin de la Historia”. El capitalismo salía triunfante y la izquierda se quedaba desarmada. Mientras los “nuevos filósofo” en vez de llevar a cabo una crítica de la izquierda, inician un asalto a la ideología marxista. ¡No había de quedar nada! El culpable ya no era Stalin  sino que había que terminar con Marx [causalidades de la vida, este demonio desaparece del currículo de la LOMCE]. El “gran relato” había de desaparecer y el  “post” hacía su aparición en la filosofía para devenir un pastiche. Pero si abandonamos el gran relato, si abrazamos el “post” y sin encima nuestra crítica a los regímenes stalinistas se ha basado en  culto a la personalidad” introducida por el filósofo L. Althusser nos ocurrirá que caeremos en explicaciones psicologistas y abandonaremos el método marxista del materialismo histórico.

Resistencia y Formación

Ha sido tiempo de resistencias, de recuperación de la memoria y de formación. Como decía Spinoza “no se trataba ni de reír ni de llorar, sino de comprender”. Y para una generación que nos impregnamos de un  “marxismo abierto” esto es fundamental. Recuerdo que uno de los libros que más influyó en nuestra generación fue el de E. Mandel, El capitalismo tardío”. Un libro que nos devolvió al método de la economía marxista. Donde aprendimos como se desarrollaba el capitalismo contemporánea y hacia donde caminaba. Donde nos enseñaba la “estructura del mercado capitalista” Y por qué y cómo se producen las crisis periódicas de dicho modo de producción. Pero también era necesario volver a leer a los clásicos y fundamentalmente a Leon Trotsky. Era el momento de leer sus análisis económicos y sobre todo sus análisis de la sociedad soviética. Es en dicho momento, ya en el inicio del Siglo XXI cuando cae en mis manos un párrafo “clarividente”  de su última obra donde de manera profética sentencia: “La caída del régimen soviético provocaría infaliblemente la de la economía planificada y, por tanto, la liquidación de la propiedad estatalizada. El lazo obligado entre los trusts y las fábricas en el seno de los primeros, se rompería. Las empresas más favorecidas serían abandonadas a sí mismas. Podrían transformarse en sociedades por accione o adoptar cualquier otra forma transitoria de propiedad, tal como la participación de los obreros en los beneficios. Los koljosses se disgregarían al mismo tiempo, y con mayor facilidad. La calidad de la dictadura burocrática actual, sin que fuera reemplazada por un nuevo poder socialista, anunciaría también el regreso al sistema capitalista con una baja catastrófica de la economía y la cultura” [Leon Trotsky, La revolución traicionada, 220)

Análisis profético antes de morir asesinado. Pero la realidad supera normalmente las conclusiones teóricas. Como así nos relata Ted Grant  en su impresionante historia de la Unión Soviética [Rusia. De la Revolución a la contrarrevolució] donde analiza todo el periodo de la Perestroika y el papel de las reformas de Gorbachev: “El programa de desnacionalización empezó, lógicamente, con los pequeños talleres y lo que hoy en día se llama el sector de servicios… La desnacionalización de las empresas más grande empezó en 1992 cuando acciones de 18 empresas fueron “vendidas” a cambio de vales de privatización, que fueron regalados a cada ciudadano ruso. Sobre el papel, durante 1993 se privatizaron de esa manera 8.010 empresas medianas y grandes. Entre todas ellas, emplean 8,3 millones de obreros, dos quintas partes de la fuerza de trabajo manufacturera en Rusia”. A todo esto habría que añadir las políticas de Ajuste estructural  implementadas por el FMI con respecto a Rusia y demás países del bloque soviético; que convierten a esta institución en una de las mayores responsable en el retroceso económico, social y cultural de todo el bloque.

Tiempo también de formación de leer y releer Filosofía marxista. Cayendo en mis manos uno de esos libros que uno no suele dejar porque se convierte en fuente de investigación constante. Con la ocasión de celebrar el 150 aniversario del libro “Dialéctica de la Naturaleza” el pensador marxista y dirigente político Alan Woods escribe “Razón y Revolución” donde sienta los cimientos de la filosofía marxista en un diálogo con las ciencias contemporáneas. Libro que profundiza el pensamiento de Marx y Engels delimitando las diferencias de la filosofía marxista con respecto al espiritualismo y a ciertos reduccionismo, como el “darwinismo social”, base ideológica del neoliberalismo

Es la Política económica Idiotas

Para el neoliberalismo triunfante el capitalismo es el paraíso, el fin de la historia. Las clases han desaparecido, solo existe el capital. Menuda ironía, considerar al trabajador como capital humano; para poco después decir que como “capital”[humano] ha de arriesga en el mercado, como hace el capital. Pero a continuación defender que, como capital [humano], si no arriesga es un vago y culpable de su situación

Volvamos a los clásicos, volvamos a los escritos sobre economía de Leon Trotsky. Pero lo primero y fundamental recuperemos la terminología marxista. El capital no compra el trabajo, “lo que compra es la capacidad de trabajo” de un ser humano. Y a dicha capacidad se le denomina fuerza de trabajo.
Ya Mandel  en el libro citado nos dice que el capital funciona gracias a las crisis que él mismo provoca. Mandel  acepta las tesis de Kondratieff y nos habla de las Ondas largas. No es cuestión de adentrarnos en estas cuestiones. Tan solo decir con Leon Trotsky  que lo que interesa de las crisis es la cuestión política: “los efectos políticos de una crisis (no solo la extensión de su influencia sino también su dirección) están determinados por el conjunto de situaciones política existente y por aquellos acontecimientos que preceden y acompañan la crisis, especialmente las batallas, los éxitos o fracasos de la propia clase trabajadora, anteriores a la crisis” El capitalismo siempre funciona a base de auge, depresión y crisis, desarrollando ciclos de recesión, estancamiento y auge.

Pero el marxismo no puede quedarse en este tipo de mecanicismo y reduccionismo. Lo importante es el factor subjetivo y la curva del desarrollo capitalista puede moverse hacia arriba o hacia abajo. Trotsky  tenía en mente que la crisis es consustancial al sistema económico del capitalismo. No puede vivir sin ella:

La alternancia de las crisis y los booms, con todos sus estados intermedios, constituye un ciclo o uno de los grandes ciclos del desarrollo industrial. Cada ciclo abarca un período de ocho, nueve, diez, once años. Si estudiamos los ciento treinta y ochos últimos años, percibimos que a este período corresponden dieciséis ciclos. A cada ciclo corresponde, en consecuencia, poco menos de nueve años: ocho años cinco octavos. Por razón de sus contradicciones interiores, el capitalismo no se desarrolla en línea recta, sino de manera zigzagueante: ora se levanta, ora cae. Es precisamente este fenómeno el que permite decir a los apologistas del capitalismo: “Desde que observamos luego de la guerra una sucesión de booms y crisis, se desprende que todas las cosas están trabajando juntas para lo mejor del capitalismo. El hecho de que el capitalismo continúe oscilando cíclicamente luego de la guerra indica, sencillamente, que aún no ha muerto y que todavía no nos enfrentamos a un cadáver. Hasta que el capitalismo no sea vencido por una revolución proletaria, continuará viviendo en ciclos, subiendo y bajando. Las crisis y los booms son propios del capitalismo desde el día de su nacimiento; le acompañará hasta su tumba

Lo que sucede es que el capitalismo- en su actual etapa senil y decadente- cada vez ahonda más profundamente en la barbarie y además poniendo ya en peligro no solo a la clase trabajadora sino a la especie humana y al planeta.
* Artículo publicado en la UNED (Vila-Real)
JAVIER MÉNDEZ- VIGO HERNÁNDEZ
      Doctor en Filosofía

BIBLIOGRAFÍA
Granr, Ted (1997), Rusia. De la revolución a la contrarrevolución Fundación Federico Engels. Madrid
Mandel, Ernest (1979), El capitalismo tardío Editorial Era México
Samary,Catherine (1993), La fragmentación de Yugoslavia Talasa Madrid
                                  (1994), La Déchirure Yougoslave L’Harmattan París
Trotsky, Leon (1999), La revolución traicionada Fundación Federico Engels Madrid
                          (2008), El capitalismo y sus crisis  CEIP Leon Trotsky Buenos Aires
Vilmar, F., Guittard G. (1999), La face cachée de l’unification allemande. Ed. De L’Atelier Paris
Woods, Aland (20029, Razón y Revolución Fundación Federico Engels Madrid